Cada hortaliza tiene preferencias por alguno de los nutrientes que se encuentran en el suelo, por lo tanto, si establecemos una adecuada rotación de cultivos no agotaremos el suelo y mantendremos su fertilidad.
Además, existen plantas que son capaces de mejorar la fertilidad del suelo, fijando nutrientes en forma natural. Un buen ejemplo son las leguminosas, como lentejas, habas, porotos y arvejas, que enriquecen el suelo con nitrógeno.
Si sabemos aprovechar las diferencias, particularidades y requerimientos de cada planta, podemos establecer una adecuada rotación de cultivos, manteniendo la fertilidad del suelo y beneficiando a nuestra huerta.
La idea es que a lo largo del año vayamos rotando, por temporada, hortalizas de raíz (por ejemplo zanahorias y remolachas), hortalizas de hoja (como lechugas y espinacas), hortalizas de fruto (puede ser tomate, calabacín, pimiento y muchos otros) y especies fijadoras de nutrientes (leguminosas).
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